martes, 23 de mayo de 2017

El cuadro. Capítulo 15



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Una vez ordenadas las imágenes en la pantalla parecían tener cierta armonía, como si plasmaran distintos momentos de una historia. Incluso podía decirse que había movimiento, orientando la vista hacia una dirección. Era extraña la sensación. Isabel le observó desde la cocina divertida.

-¿Y bien, qué te parece ahora? -preguntó mientras ultimaba unos emparedados.

-A decir verdad, parecen una secuencia, como si el orden de los cuadros descrito en el catálogo del Museo de Kiev no fuera arbitrario.

-Cierto. Una primera lectura nos indica que debemos seguir el recorrido de las imágenes hacia la derecha. No voy a entrar en detalles ahora, primero hay que contextualizar, pero si te fijas bien los barcos parten hacia el este, igual que el tren; los caminos trazados en la Plaza Roja van en la misma dirección y la estatua de la  Koljosiana lo confirma: mira hacia oriente. Esto me llamó la atención el otro día cuando comparábamos la imagen con el boceto. La Koljosiana original está orientada hacia el lado contrario. ¿Se trataba de un error o el cambio se debía a un motivo? Y ahí lo tenemos.

-¿Y donde nos quiere llevar Víktor Petrograd?

-Tendremos que averiguarlo -contestó con una enigmática sonrisa-. Pero lo primero es determinar qué sabemos de Víktor Petrograd.

La cocina americana estaba al fondo derecho del piso, pasado el estudio y el pequeño comedor. Al ser la estancia diáfana, los tres espacios estaban separados por la barra de la cocina y la amplia mesa en forma escuadra o “L” del estudio. Este contrastaba del resto por la gran pantalla LCD de 105 pulgadas colgada en la pared, el ordenador de sobremesa conectado a tres monitores de 27 pulgadas, un ordenador portátil, una impresora con escáner para formatos A3 y A4, lámpara Led con lupa, diversos tipos de lupa, pinzas, pinceles, atriles de distintos tamaños, tubos portalienzos y carpetas para guardar todo tipo de material gráfico. Y el espacio de la pared que había entre la mesa y la pantalla LCD se utilizaba para pegar notas, copias ampliadas de manuscritos, pinturas, fragmentos de códices o detalles de esculturas. Alejándose un poco se tenía una vista panorámica de todo el estudio: un collage de aparente desorden en el que se mezclaba el pasado, presente y futuro.

Rubén se sentó en una de las tres sillas de oficina ergonómicas de cuero acolchado y se desplazó hasta el ordenador portátil.

-Víktor Petrograd nació en la ciudad ucraniana de Kiev en 1910. Gracias a su gran talento y al poder económico de su padre, un importante empresario que amasó gran fortuna gracias a la revolución industrial en la época de los zares, pudo estudiar en la Facultad de Arte de Járkov y, posteriormente, en los Vjutemás o Talleres de Enseñanza Superior del Arte y de la Técnica de Moscú.

-Primer dato importante: los Vjutemás -Isabel cogió la bandeja y la llevó a una pequeña mesita de nogal que había en el estudio-. ¿Qué sabemos de estos talleres?

-Fue una escuela de arte y técnica de Moscú, creada en 1920 por Lenin para... -Rubén consultó en uno de los monitores- “preparar maestros artistas de las más altas calificaciones para la industria, constructores y administradores de la educación técnico-profesional”. Se daban cursos de arte e industrial.

-Si no recuerdo mal, los Vjutemás fueron el centro del vanguardismo, un lugar donde se estudiaba y trabajaba sobre un modelo experimental, innovador, incluso provocador, que desafiaba los valores de la cultura zarista existentes por entonces.

-Aunque Lenin no estaba muy de acuerdo con este movimiento -precisó Rubén-, lo cierto es que fue una revolución estudiar allí, porque dotaba a los alumnos de plena libertad individual para crear obras originales y subjetivas.

-Uno de los movimientos vanguardistas rusos fue el Suprematismo -Isabel cogió un libro titulado “Del cubismo y el futurismo al suprematismo. El nuevo realismo pictórico” de Kazimir Malévich-, orientado a la abstracción geométrica, utilizando formas puras y armónicas y empleando colores planos. Un ejemplo es el cuadro Suprematism de  Malévich en 1916.

Suprematism de Kazimir Malévich (1916)

-Por tanto, Víktor Petrograd conoció todos los movimientos artísticos vanguardistas antes de decidirse por el Realismo Socialista.

-¿Qué más se sabe de los talleres?

-En 1926 se reorganizó y cambió el nombre de Vjutemás por el de Vjuteín, es decir, Instituto. La institución solo duró diez años. En 1930 se disuelve y, bajo la presión del Partido Comunista, el movimiento artístico oficial será el Realismo Socialista. Las demás corrientes quedan prohibidas.

-La única forma de sobrevivir Víktor Petrograd como artista y trabajar para la Revolución es adaptarse al nuevo modelo artístico.

-Efectivamente -respondió a Isabel con aprobación-, se dedico a reflejar la vida idealizada de la Unión Soviética y enaltecer a sus dirigentes.

-Realismo Socialista no significa que los cuadros sean tan realistas como para parecerse al objeto original, significa que plasman la realidad objetiva, independientemente de la técnica utilizada -puntualizó Isabel-. Por tanto,  Petrograd dejó a un lado el estilo subjetivo, provocador y surrealista para llegar hasta las altas esferas del poder.

-Llegados a este punto, sabemos que Víktor Petrograd se formó en el arte vanguardista y, posteriormente, en el Realismo Socialista.

-Aunque la prohibición no le impidió introducir símbolos en sus cuadros que, interpretados según los ideales comunistas, adquirían cierto significado.

-¿Como por ejemplo? -preguntó Rubén.

-Como por ejemplo la koljosiana, mujer que trabajaba en las explotaciones agrícolas cooperativas o koljós. Era el símbolo del campesinado, al igual que el obrero simbolizaba el trabajador industrial. De hecho, en la Exposición Internacional de París de 1937 el arquitecto Borís Iofan diseñó una escultura en la que había un obrero sosteniendo un martillo, símbolo soviético del proletariado industrial, y una koljosiana portando brazo en alto una hoz -Isabel hizo una pausa para tomar un poco de té-. Inicialmente para  Víktor Petrograd la koljosiana tenía ese sentido soviético. Sin embargo, cuando comenzó la nueva vida en Francia, adquirió otro sentido, el de la libertad, como la estatua que hay en la isla de la Libertad al sur de la isla de Manhattan, Nueva York. Y si avanzas un nivel de lectura más, podría decirse que representa a la madre universal: Isis, Pesinuntica, Minerva Cecrópea, Venus Pafia, Diana, Proserpina, Ceres, Hécate, Maria Lactans o Virgen María.

-Pero en este caso porta una espada. Puede ser la diosa de la Justicia.

-Eso pensé yo en un principio, pero siguió eligiendo el símbolo originario, la koljosiana, la campesina que está ligada a la madre tierra, a la fecundidad. Con respecto a la espada, es cierto que simboliza el poder y la justicia. Es un símbolo guerrero. Pero también simboliza la luz y el relámpago por el brillo de su hoja. La espada, para los Cruzados, era un fragmento de la Cruz de Luz; el rayo de Indra era la espada del sacrificador védico; y los ángeles que expulsaron a Adán del Paraíso llevaban espadas de fuego. En alquimia… -Isabel se detuvo con la mirada puesta sobre la imagen de la koljosiana como si estuviera hipnotizada. Tardó unos segundos en reaccionar-. Nos estamos apartando del tema. Retomaremos este aspecto más adelante.

Rubén guardó silencio y miró la imagen de la estatua del Jardín Dorado. Todo parecía tener sentido.

-Hasta 1938 se consagra al movimiento artístico imperante. Según la entrevista que tuve con Mr. Canetnes en Marsella, en 1937 se le encargó un proyecto secreto: el diseño de una estatua de oro puro que representara la victoria de la Revolución Rusa. Pero un año después comienzan a producirse una serie de hechos extraños relacionados con el proyecto, concretamente ejecuciones y desapariciones de Comisarios del Pueblo de la Hacienda Soviética,  funcionarios y personal que trabajó en el diseño y construcción de la estatua. En la lista negra del NKVD estaba el propio Petrograd. Así que simula su propia muerte y huye con su familia a Marsella en marzo de 1938 bajo un pasaporte falso y con el nombre de Pierre Nouvie.

-Fue entonces –continuó Isabel-, cuando alterna el trabajo en el taller de joyería con la pintura.

-Sí. Según Mr. Canetnes, quería permanecer en el anonimato, a la sombra. Posiblemente para no ser descubierto y asesinado. En el momento en que se establece en Marsella, comienza un frenético trabajo artístico que nunca saldría a la luz.

-Excepto cuatro cuadros –aclaró Isabel.

Rubén afirmó con la cabeza mientras se levantaba para observar las pinturas digitalizadas en la pantalla. Se cruzó de brazos meditabundo.

-Fue Mr. Canetnes quien animó al nuevo artista a pintarlos –dijo en tono bajo, como si mantuviera un monólogo-. ¿Por qué lo haría? –Se giró hacia donde estaba Isabel con el ceño fruncido, esperando una respuesta.

-¿Qué sabemos de Mr. Canetnes? – Preguntó Isabel intentando reconducir el hilo de la historia-. Además de ser un afamado joyero de Marsella.

-Realmente Mr. Canetnes se llamaba Mijaíl Nayemnik, nacido en la ciudad rusa de Kursk. Durante el genocidio de los años 1932 y 1933 en Ucrania, su familia acogió a los padres de Petrograd en la ciudad rusa de Kursk. De ahí que se conocieran. Trabajó como espía ruso en el puerto de Marsella durante el gobierno del Frente Popular francés entre 1936 a 1938 y, posteriormente, en el gobierno de Vichy que se puso de parte de la España de Franco, la Italia de Musolini y la Alemania de Hitler.

-Parece que cuando alguien es traicionado es fácil cambiar de bando –apuntilló Isabel en tono irónico.

-Creo que terminó siendo una especie de mercenario de guante blanco. Se codeó con la alta burguesía francesa. Como tapadera utilizaba la joyería y el taller situada en el mismo puerto marsellés. Llevaba a cabo trabajos de contraespionaje, vigilando a los espías españoles del Bando Nacional e informando de los distintos sabotajes que se iban produciendo en los barcos y mercancías –volvió a la silla y continuó buscando entre sus apuntes-. Cuando Víktor Petrograd pintó los cuatro cuadros, el mismo joyero se encargó de darlos a conocer en el Museo de Kiev en 1940. Se incluyó en el catálogo y posteriormente se vendieron los tres primeros cuadros de la colección. El cuarto desapareció durante setenta años. El mismo Petrograd lo tenía escondido por alguna razón. Con la venta de los tres primeros se compró la casa de campo en la que has estado con Parisi.

Puerto de Marsella

-¿Por qué no vendió la colección completa?

-Eso mismo le pregunté a Mr. Canetnes la misma noche de su muerte. Solo me dijo que el cuarto cuadro es la clave de su venganza.

-Ahora comprendo por qué Ignacio Gorján es capaz de matar para recuperar el Jardín Dorado. Reuniendo los cuatro cuadros descubriremos el secreto –Isabel se dirigió al ordenador y abrió una carpeta con el nombre “CasaCampoMarsella”. En ella había centenares de imágenes de cuadros-. Ahora te voy a mostrar las influencias y estilos que inspiraron a Víktor Petrograd en su segunda etapa como pintor vanguardista.

Rápidamente comenzaron a abrirse en la gran pantalla innumerables ventanas con las imágenes. Rubén se levantó observando perplejo la inmensa labor creativa del pintor ruso.

-¿Y dices que todo esto lo pintó Víktor Petrograd? –No salía de su asombro-. Si se diera a conocer, junto con la verdadera historia, sería un auténtico bombazo.

-Realmente va evolucionando gradualmente su obra. No sé a ciencia cierta si obedece a un patrón o la línea pictórica fue espontánea. En cualquier caso, he visto una primera etapa influenciada por su pasado. Podría decirse que su actividad se centró en el retrato, con una precisa y enérgica interpretación fisionómica. Los detalles son extraordinarios, como si previamente hubiera estudiado los rostros.

Isabel comenzó a ampliar las ventanas de determinadas imágenes, poniendo cada una al lado de la otra.

-Parece la misma técnica utilizada por Rembrandt –indicó Rubén a medida que surgían las imágenes.

-Es la misma. Es como si Víktor Petrograd se inspirara en él. Tiene un pleno dominio de la técnica, jugando con el contraste de luz y oscuridad. Este contraste lo veremos más adelante en otras obras. Se repite mucho –con el cursor fue indicando determinadas zonas de las imágenes-. Retrató a numerosos personajes del arte, la literatura y la música. Entre los primeros están el propio Rembrandt, William Blake, Frederic Bartholdi, Sorolla o Francisco de Goya; del mundo de la literatura encontramos Dante Alighieri, Goethe, Oscar Wilde, Gérard de Nerval, Victor Hugo, Joseph R. Kipling, Voltaire o Pérez Galdós; y entre los compositores destacan los clásicos: Haydn, Mozart, Liszt, Beethoven, Sibelius o Berlioz. Es curioso que existan cuadros vinculados a algunos de estos autores. Por ejemplo –buscó entre los documentos-, varios cuadros de Las bodas de Fígaro de Mozart o La Divina Comedia de Dante. Es como si pudiera tejerse una red conectando cada cuadro. Todos tienen algo en común.

Rubén miró las imágenes desde otra perspectiva conceptual.

-Supongo que, conforme pasa el tiempo va alejándose de la realidad. No le veo como  pintor vanguardista.

-Por eso el cambio es gradual. En esta primera etapa, aunque retrata fielmente personajes, no faltan símbolos, como si quisiera dotar al cuadro… -buscó una definición lo más aproximada- de espíritu. No se queda en la mera imagen, juega con los tonos, los colores, las formas para invitar a ver el cuadro en distintos niveles de interpretación. Eso es lo que lo distingue de su época rusa, las interpretaciones en toda la obra –cerró las ventanas que había en primer plano y colocó otras-. Su siguiente etapa es la surrealista que, junto con el cubismo, lo convierte en un artista que busca en lo inconsciente, onírico, irracional, introduciendo un lenguaje visual más simbólico. Sus cuadros reflejan un Petrograd auténtico, como si hubiera estado durante mucho tiempo reprimido. Y me aventuraría a decir que vivió muy de cerca la Vanguardia –miró unos segundos a Rubén-. Sí. Hay que tener en cuenta que el cubismo y el surrealismo surgieron como movimiento artístico en Francia a primeros del siglo XX. Es más, en 1938 tuvo lugar la Exposición Internacional del Surrealismo en París. ¿Es coincidencia que eligiera Marsella para vivir, a medio camino entre Francia y España?

-Ahora que lo pienso, tienes razón. Muchos intelectuales huyeron a Estados Unidos o países de América latina. Tenía más opciones para elegir.

-En sus cuadros se ve una importante influencia de pintores surrealistas como Madritte, Miró, Dalí y Masson; mientras que Matisse, Picasso y Laurencin lo llevan al cubismo. En el estudio que Víktor Petrograd tenía en la casa de campo he encontrado también un último grupo de cuadros del movimiento suprematismo, pinturas compuestas únicamente por figuras geométricas simples: círculos, cuadrados, rectángulos, líneas, etcétera. Me llamó mucho la atención un cuadro totalmente negro con un círculo de blanco intenso en el centro.

El carnaval de Arlequín, Joan Miró (1924-1925)

Mantuvieron un largo silencio, observando imágenes, comparándolas con las de otros autores e imaginando las posibles interpretaciones. Al cabo de un rato Rubén preguntó: «¿Dónde está la firma?». Isabel negó con la cabeza. Ninguno estaba firmado.

-En resumidas cuentas –continuó Rubén-, Víktor Petrograd plasmó en su obra todo un lenguaje visual.


-Efectivamente, con sus diversas interpretaciones y niveles de comprensión. No era un pintor cualquiera. Estoy convencida de que puede encontrarse influencias de ciertos grupos o hermandades. Y en los cuatro cuadros que vamos a estudiar ahora están.