jueves, 10 de agosto de 2017

El cuadro. Capítulo 23



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El tiempo se había detenido. Todo giraba alrededor de aquella pantalla como el vórtice de un ciclón. Parecía que la imagen lo absorbía todo, incluida la luz. Isabel respiraba nerviosa mientras recorrían sus dedos el trazado de los símbolos en la gran pantalla. Rubén también estaba excitado al descubrir que todo era real. Después de varias semanas, aquella era la mejor noticia que había recibido, el soplo de aire que necesitaban para continuar con la investigación.

-No puedo creerlo –insistió Isabel sin dejar de mirar las líneas-. Es fascinante la capacidad de Víktor Petrograd para sorprender. Sin duda era un genio –sonreía con la misma mirada  chispeante que solía mostrar con cada hallazgo interesante.

-Dos símbolos dispuestos estratégicamente ¿Qué podrán significar? –preguntó Rubén acercándose a la pantalla.

Las sombras volvieron como cada noche para envolver ese pequeño universo exótico de figuras étnicas, lienzos, tapices y libros. Lentamente regresaba el espíritu de los guerreros para combatir las tinieblas de la ignorancia y abrir camino entre los secretos del viejo pintor ruso.

-He de admitir que existen varios niveles de lectura –dijo Isabel tras un largo silencio-. El símbolo que está superpuesto sobre la estatua de la Koljosiana es la Cruz de la Iglesia ortodoxa o cruz rusa –cogió un libro sobre el arte bizantino y pasó las páginas hasta encontrar una imagen-. Como verás en esta otra imagen de un icono bizantino, se trata de una cruz de ocho brazos con un eje vertical y tres horizontales. El horizontal central es el más grande ya que se sitúan los brazos de Jesucristo; el superior simboliza la tablilla con la inscripción “Jesús Nazareno, Rey de los Judíos”, escritas en hebreo, griego y latín; y el travesaño inferior es el que indica los pies.





-Curioso que en la Iglesia católica se omita este detalle.

-La razón del tercer travesaño es porque la Iglesia ortodoxa considera que los pies de Jesucristo fueron atravesador por dos clavos, en vez de uno. Y se representa inclinada porque simboliza las dos fuerzas. El izquierdo que está alzado se dirige a Dimas, el Buen Ladrón que, según Lucas, estaría con él en el paraíso antes de terminar el día. En cambio, el travesaño derecho inclinado hacia abajo representa a Gestas, el Mal Ladrón, el que no se arrepintió de sus actos e insultó al propio Jesús de Nazaret –Isabel hizo una pausa para contemplar la imagen de abajo-. Junto a Jesucristo suele representarse a la Virgen María y al Apóstol Juan.

-¿Qué significa la calavera y los dos huesos cruzados que hay a los pies de la cruz? –preguntó Rubén intrigado.

-Según la tradición, Adán fue enterrado en el Gólgota, el mismo lugar donde Jesús de Nazaret fue crucificado. La calavera representa su cabeza.

-Podemos concluir que la Cruz ortodoxa trazada sobre la estatua dorada significa, en una doble lectura, que la sabiduría, la iluminación y, por tanto, el oro de la República española está en un lugar donde se profesa el cristianismo ortodoxo. ¿Quizás una iglesia o Catedral? –Rubén volvió a mirar sus apuntes-. Francamente, en Gori, Tiflis y Bakú sobran templos de este tipo. Poco nos aporta.

-Es un primer indicio. Ya hemos establecido que es un lugar de cultura ortodoxa –amplió la imagen de la Koljosiana con la cruz rusa-. Llama la atención que trace la cruz con tantas irregularidades. Aunque el eje vertical sigue la dirección de la estatua dorada, no la representa recta. Parece que oculta el símbolo de un río o camino.

-Ahora que lo dices, es posible. Debe tratarse de un lugar por donde transcurre un camino o río importante. Puede ayudarnos a descartar lugares –las dos imágenes desaparecieron de la gran pantalla dejando paso a la ventana del explorador. Pronto entraron en la web de Google Map dirigiéndose primero a Gori, abrieron una nueva pestaña accediendo al mapa de Tiflis y, finalmente, realizaron la misma operación con Bakú-. En Gori confluyen los ríos  Liakhvi y Mtkvari, mientras que en Tiflis cruza el Mtkvari. Bakú está descartada, está situada en la costa del mar Caspio y solo tiene lagos de sal.

-Gori y Tifli son nuestros objetivos –analizó Isabel los mapas. No podía ocultar la satisfacción de estar más cerca de uno de los tesoros más importantes de España-. El siguiente símbolo puede darnos la pista final.

Ocultó las ventanas del explorador y abrió la del segundo símbolo.



Isabel se dirigió a la estantería y sacó un libro grueso. Lo puso junto al de arte Bizantino y buscó entre las amarillentas páginas.


Fuente: tendenzias.com

-¡Efectivamente! Es el símbolo alquímico del azufre. Según la tradición, es el principio activo de la alquimia, generador masculino; corresponde al fuego como el mercurio al agua y manifiesta la voluntad celeste y la actividad del espíritu.

-Si tenemos en cuenta que la cruz puede representar físicamente un río, según el cuadro la entrada debe estar en el lado oeste ¿Qué ciudad puede tener un templo en esta situación geográfica? –Volvió a poner en primer plano los mapas donde aparecieron infinidad de puntos que indicaban lugares de interés-. En Gori, lo más destacado es la fortaleza medieval de Goristsikhe, pero está en el margen derecho del río.

-Hay que tener en cuenta que estamos buscando un enclave antiguo, por lo menos que existiera en la etapa de Stalin, bien protegido o con características que lo hagan perdurar.

-En la orilla oeste del río Liakhvi en Gori no hay edificios de este tipo. En cambio sí que encontramos muchos en Tiflis.

Rubén amplió la zona del mapa. A vista de pájaro podía verse el río Mtkvari atravesando la ciudad y como esta había evolucionado a lo largo de su cauce por ambas orillas. En la parte norte y oriental se divisaban cordilleras con el extenso lago conocido como el Mar de Tiflis. Esta zona apenas se había extendido puesto que el río y el lago suponían un obstáculo natural. En cambio, por la parte occidental las construcciones avanzaban hacia la cordillera Trialeti creando una especia de triángulo o punta de flecha. Conforme se acercaba más podían observarse los raions o distritos Vake-Saburtalo, Didube-Chugureti, Gldani-Nadzaladevi, Isani-Samgori, Didgori y Dzveli Tiflisi.

Vista aérea de Tiflis (Fuente: Google Maps)

-¡No amplíes más el mapa! –Exclamó Isabel acercándose a la pantalla- Avanza hacia el sur, aquí, en el Distrito Dzveli Tiflisi. Creo que lo hemos encontrado.

En el sector suroeste de la ciudad se encontraba el Distrito Dzveli Tiflisi o Vieja Tiflis. Rubén encuadró la imagen del mapa y lo amplió.

-¡Interesante! –exclamó perplejo por la cantidad de coincidencias entre los datos obtenidos en la interpretación de los cuadros y las imágenes de satélite de Google-. En esta zona están la Catedral de la Santísima Trinidad de Tiflis, Iglesia de Anchiskhati, Catedral de Sioni, Sinagoga de Tbilisi, la Montaña Mtatsminda con la estatua de la madre de Georgia y la Fortaleza de Narikala, el Museo Nacional, el Teatro de la Ópera y el Ballet y, por último, Abanotubani

Se produjo un largo silencio. Ambos no podían dar crédito a lo que estaban viendo. Isabel se ponía más nerviosa mientras Rubén buscaba información sobre Abanotubani.

-¡No puede ser! ¡Imposible! –repitió varias veces Isabel.

-Créetelo. Abanotubani son los baños sulfurosos de la zona más antigua de Tiflis. Aquí tenemos el azufre. Por fin lo hemos encontrado –respondió con una sonrisa-. Según la leyenda, la ciudad de Tiflis se fundó hace 1.500 años en torno a sus aguas termales. Pero será en el siglo VI cuando el rey Vakhtang I Gorgasali fundara la ciudad. Según relatan, estando el rey de cacería hiere a un animal, este huye hacia las aguas termales y milagrosamente se cura. Esta sanación sorprendió tanto al rey que decidió erigir la ciudad junto a la vertiente termal.

-Eso confirma que el acceso al oro de la República española está en el margen izquierdo del río Mtkvari, en los baños sulfurosos.

Rubén hizo una mueca de duda. No tenía claro que los baños en sí fueran el punto de entrada.

-Es posible que inicialmente fueran el lugar por donde acceder al oro, pero hay que tener en cuenta que son construcciones que han sufrido destrozos y dejaron de ser públicos hace unos años. Se subastaron por unos cuatro millones de dólares –hizo una pausa y miró a Isabel-. Creo que debemos buscar otros edificios o construcciones que  no sean tan vulnerables.

Isabel comenzó a dar vueltas por el estudio con los brazos cruzados. De vez en cuando se tocaba la barbilla o pellizcaba los labios con aire reflexivo. Rubén, en cambio, seguía escudriñando el mapa de la Vieja Tiflis en busca de nuevos enclaves.

-Atendiendo a los datos reales y simbólicos que tenemos –meditó en voz alta, con su característico monólogo-, la entrada está cerca de un lugar sagrado, un templo ortodoxo, a juzgar por la Cruz rusa del cuadro; en el margen izquierdo de un río; cerca de una zona que protege y a la vez da la vida, si nos atenemos a la interpretación de la estatua dorada de la Koljosiana; un lugar donde literal y simbólicamente hay azufre.

-En la Vieja Tiflis hay una estatua llamada Kartlis Deda o Madre de Kartli –especificó Rubén mientras acercaba la imagen-. Está situada en la colina Sololaki y representa a la ciudad –hizo una pausa y volvió a mirar a Isabel con decepción-. Hay un inconveniente, fue construida en 1958, décadas posteriores al cuadro.

Isabel paró en seco y giró hacia la pantalla.

-¿Qué más hay por la colina Sololaki? –preguntó como si siguiera una corazonada.

-Alrededor están la Catedral de Tiflis, los Baños de azufre, la Mezquita Jumah  Mosque, el Monasterio de Tabor, el Jardín Botánico Central de la Academia de Ciencias de Georgia y Narikala.

-Me es conocido el nombre de Narikala. Acerca la imagen.

-Parece que es una fortaleza situada a los pies de la colina. Por lo que vemos, tiene dos murallas entre los baños sulfurosos y el jardín botánico. Dentro está la iglesia de San Nicolás –Rubén supo por la expresión de Isabel que estaban más cerca de conseguir la localización, el punto de partida para encontrar el oro-, construida en el siglo XII. Parece que todo concuerda. La fortaleza Narikala es el lugar más apropiado.

-Creo que merece la pena estudiar la zona y visitarla.

Los ojos de Isabel brillaban con luz propia haciéndola más misteriosa. Continuó mirando el recinto amurallado como si realmente estuviera allí. No podía reprimir la sonrisa de satisfacción al pensar que todo el trabajo no había sido en vano. Por primera vez daba gracias a Víktor Petrograd por conducirles por aquel extraordinario viaje a través del tiempo y la cultura.

-Necesitaremos trazar un plan para evitar que Ignacio Gorján nos siga.


-Yo me encargo de todo –contestó con una sonrisa malévola.